Las diez carreras más corruptas de la historia de la F1

Entre las pocas certidumbres que tengo están que hay que bajarse los pantalones y los calzoncillos antes de sentarse en el váter y otra casi igual de importante:

En la vida tienes que elegir el bien y, en el arte… EL MAL.

Prost-Balestre

Por ese motivo, me extraña que la gente siga viendo el fútbol ahora que no está Mourinho. Y por el mismo motivo comprendo que todo el mundo esté dejando de ver la tediosa F1 de los últimos años en los que hemos cambiado el rodillo de Red Bull por el de Mercedes. Porque nada más aburrido hay que las personas que celebran que un equipo arrase “porque los ingenieros han hecho bien su trabajo”. Hasta los ingenieros se aburren de sí mismos.

No, señores. La F1 que nos ha hecho soñar a todos es un maravilloso negocio corrupto en el que Bernie Ecclestone tiene un teléfono privado con el que llama a la cabina de Charlie Whiting. Y desde el que le da las órdenes que hagan más rentable su gran circo.

Evidentemente, lo que hace que la F1 nos siga apasionando hasta el fin de los tiempos – porque mantenemos la esperanza de que esta gris época pase de largo – son esos momentos en los que tuvo claro que la auténtica pasión estaba en… EL MAL.

En el último GP de Malasia pudimos disfrutar de una de esas pequeñas corrupciones que, en el momento actual, recibimos como maná del cielo. En efecto, viendo que acechaba una revisión de las normas que pudiese terminar con su dominio aplastante, Mercedes decidió… perder la carrera aposta. Puede debatirse lo planificado que lo tenían, que si las temperaturas de Malasia perjudicaron a su motor… ¡Pero nadie supo explicar por qué la escudería alemana usó los neumáticos más blandos para pasar la Q1! (Y, oh sorpresa, ver cómo a su piloto estrella le terminaban poniendo los duros – no había medios nuevos después de aquello – para el último cochambroso relevo de la carrera).

Sí, aplaudimos la corrupción de Mercedes, más que nada por aquello de que a buen hambre no hay pan duro. Y porque hay momentos en la vida de un onvre en los que, ante la visión de Carmen Machi, puede llegar a decir “pues para un apretón…”.

Pero años de disfrutar del mal hace que tampoco pueda desgañitarme ante una corrupción de segunda. Antes bien, me fuerza a recordar los momentos más memorables de la historia de un deporte que sólo alcanzó sus más altas cotas estéticas cuando asumió que gracias al juego sucio, los sobornos, la chapuza y, por qué no decirlo, fornidos guardias civiles con bigotón, se podía llegar al summum de la belleza.

Sórdidos y sórdidas de pro, os damos la bienvenida a esta liga fantástica con un recuerdo/homenaje a las diez carreras más corruptas de la historia de la F1.

Esto es, las mejores.

10. “¿Pero a quién coño se le ocurre hacer una carrera aquí?” Exaequo Dallas 1984, Bahrein 2012, Turquía 2006

En la enciclopedia británica, si buscas “Gilipollas” te encontrarás como sabia definición “persona que cree que le puede sacar dinero a organizar un GP sin llamarse Bernie Ecclestone”. Lo cual no quita que, gracias al glamour de la F1, la gente siga animándose a organizar saraos sin criterio y con motivaciones disparatadas. De entre los muchos GP que han hecho ese ridículo, nos quedamos con tres.

Dallas-F1-Mansell

En primer lugar, el de Dallas de 1984 como representante más colorista del desastre garantizado que es organizar un GP en los Estados Unidos. Si ya el que se organizó en su día en Las Vegas (81 y 82), pasando por los aparcamientos del Caesar’s Palace tenía su coña, el de Dallas apostó firmemente por el despropósito con una pista increíblemente estrecha, sin prácticamente escapatorias y, por encima de todo, con un asfalto lamentable que, conforme la temperatura ambiente se acercaba a los 40 grados, decidía irse desintegrando.

Es posible que fuese Larry Hagman – el mítico JR de Dallas, encargado de dar el banderazo de salida – la única causa por la que los pilotos decidieron no secundar el boicot que proponía Alain Prost. Y oye, disfrutamos de una victoria del bigotón de Keke Rosberg. Yo no pido más.

Bahrein-F1

El GP de Bahrein 2012, por su parte, fue ir un poco más allá de aquellos Grandes Premios de Sudáfrica en los que la F1 se pasaba las sanciones al apartheid por el forro. Mientras el régimen autoritario de Bahrein se dedicaba a masacrar la población civil, muchos nos ilusionábamos ante la posibilidad de cócteles molotov cayendo en plena pista. O tanques invadiendo el circuito. O, qué carallo, ver a Bernie Ecclestone haciendo un emotivo discurso pasándose los derechos humanos por el forro. Pero no.

Y un detalle curioso: si se hubiese cancelado esta prueba, puede que Alonso hubiese ganado el título 2012.

Podium-Turquia-F1

Para cerrar el trío, el GP de Turquía de 2006 demostró que, a pesar de contar con el que, sin duda alguna, fue el mejor circuito diseñado por Tilke, a nadie le interesaba la F1 en ese país. ¿Por qué, entonces, organizar un evento ante el que lucir frente a medio mundo unas tribunas vacías? La respuesta llegó en la ceremonia del pódium, cuando llegó un señor al que presentaron como “Presidente de la república turca de Chipre del Norte”. Vamos, un estado únicamente reconocido por Turquía dentro de su conflicto bélico particular con la isla de Chipre.

¿Lo mejor? El cabreo y la multa de Bernie a los organizadores – que ocultaron la identidad de la persona que iba a entregar el trofeo para evitar el más que posible veto – por “no respetar la neutralidad política de la competición”. Y es que hay que aplaudir tal cinismo, después del apoyo implícito al apartheid o la represión Bahrení. Y por eso amamos la desvergüenza de Bernie.

Días como esos uno desea que Ecclestone fuese inmortal.

9. Valencia 2010

Un desafío: busquen “Circuito de Valencia Corrupción” en Google y ríanse un buen rato. Que el circuito de la comunidad de la Gürtel y los trajes iba a ser un trapis del que iban a sacar tajada cuatro listos y del que la ciudad sólo iba a heredar los pufos era algo que sabía todo el mundo. Y los únicos que vociferaron diciendo lo contrario probablemente esperaban que algún sobre se desviase a sus bolsillos. Aunque terminaron como muchos curritos del circuito: sin cobrar y con el único consuelo de sentarse a disfrutar de la presencia de Bernie en los tribunales.

De entre todas las carreras allí celebradas, hay que quedarse, sin duda alguna, con la del 2010. La gestión chapucera del safety car se remató cuando dejaron que el Mierda ¡pudiese adelantar al safety car sin recibir una bandera negra! Pocas veces una carrera reflejó mejor la idiosincrasia del lugar que la alojaba. Para rematarla, todavía sigo aplaudiendo, a día de hoy, el momento en el que Fernando Alonso dijo que comprendía que, ante aquel espectáculo, la gente tirase litronas a la pista.

8. Indianápolis 2005

En plena guerra de neumáticos, la curva peraltada del circuito de Indianápolis evidenció algo muy sutil: Bridgestone tenía experiencia con ese tipo de curvas y Michelin… Pues Michelin adquirió la experiencia de ver cómo sus neumáticos tendían a reventar estampando a sus pilotos contra el muro.

¿Cómo podíamos mejorar todavía MÁS tan bella situación? En dos palabras se lo digo: Bernie Ecclestone.

El tito Bernie pensó que, tan chulo como era, podía lograr que hubiese carrera y ganar el mismo pastizal que antes de la explosión de los Michelin. Así pues, la opción más cabal, planteada por todos los equipos que calzaban las gomas francesas, no podía ser. Dicha opción era la de construir una chicane con neumáticos antes de la curva peraltada para reducir la velocidad de paso. Los equipos Michelin, además, aceptaban que no conseguirían puntos para el campeonato, pero era la única forma de darle un buen GP a los fans.

¿Y por qué no valía esta opción? Pues porque en la tierra de ‘Better Call Saul’ todo el mundo estaba dispuesto a denunciarte por el “muéveme aquí esta chicane”, y las aseguradoras tenían hechos todos sus contratos en función de un trazado de Silverstone. Y Bernie no chistaba ante los señores del dinero.

Así pues, Ecclestone planteó el delirio de que los pilotos Michelin frenasen ¡voluntariamente! antes de entrar en la curva. Vamos, ir en contra de todo el condicionamiento instintivo de un piloto.

El resultado ya es historia. Para comenzar, la mejor pole ever: Jarno Trulli se marcó un tiempazo con su Toyota. Acto seguido, cuando se reúnen los pilotos de Michelin para decir “damos tres vueltas y entramos en boxes”, Trulli se excusa con un “es que yo no puedo porque, ya que no iba a correr, puse gasolina solo para una vuelta y así hacer la pole”.

Y para terminar, esa maravillosa carrera con seis coches en la que Tiago Monteiro se convirtió en un jrande de la F1 festejando su tercer puesto en el pódium ¡como debe ser!

Hasta vista en una micropantalla (Telecinco, como protesta, calzó una tira publicitaria de hora y media y puso la carrera en pequeñito) esta GP sigue siendo de los mejores de la historia.

7. Gran Bretaña 1976

En la soberbia película ‘Rush’ pudimos disfrutar de planos de guardias civiles con bigotón supervisando el McLaren de Hunt en el Jarama para terminar declarándolo ilegal por medio centímetro.

Es una pena que, de puro disparatada, no les diese tiempo a meter el GP de Inglaterra de esa misma temporada memorable.

En dicha carrera, nada más arrancar, un choque entre los Ferrari de Lauda y Regazzoni se ventiló a medio pelotón. Entre los damnificados estaba el principal rival de Niki por el título: James Hunt.

El héroe local, con su McLaren bastante tocado, tomó un atajo ilegal para volver a boxes y, así, ahorrarse una vuelta completa a Brands Hatch que nunca hubiese podido dar. Lauda y Regazzoni, por su parte, se arriesgaron a ser descalificados por volver a tomar la resalida en coches de reserva.

Y era un riesgo lógico, porque todo el mundo estaba pendiente de una cosa: armar bronca y dilatar la resalida todo el tiempo posible para que el héroe local, Hunt, pudiese disputar la carrera. Y vaya que si lo consiguieron: James triunfó en Brands Hatch regalándonos el mítico momento de pedirle el pitillo al entrevistador.

¿Y Ferrari? Bien, como tanto Niki como Clay terminaron abandonando, decidieron que, ahora que la descalificación no les afectaba… ¿Por qué no intentar que eliminasen a Hunt por tomar un atajo ilegal? Evidentemente, les mandaron al carallo. Tanto en Brands Hatch como a los siguientes tribunales a los que fueron.

Pero entonces, Niki Lauda descubrió, meses después, una falacia lógica que siempre funcionaba: dar pena. Con el accidente de Nurburgring reciente, un ensangrentado y deforme Lauda declaró ante el tribunal de la FIA diciendo lo mismo que las otras veces.

Pero, esta vez sí, descalificaron a James.

J-R-A-N-D-E.

6. Malasia 1999

El maravilloso mundial 99 nos regaló una de las mejores frases de la historia del automovilismo. Nos referimos, claro está al jran Eddie Irvine diciendo “El día que Shcumi se rompió las piernas y me convertí en el primer piloto de Ferrari al que había que apoyar para tener opciones de ganar el título… Ese día fue el más feliz de mi vida”. Con dos cojones.

Durante varias carreras, Schumi alargó deliberadamente su rehabilitación, porque le apetecía tanto ayudar a Eddie como a Kimi Raicoñen trabajar. El caso es que, en su retorno en Malasia, el Kaiser protagonizó una de las mejores carreras de la historia: su objetivo era bloquear a los McLaren para que Eddie ganase. Y no solo lo consiguió… ¡Es que tuvo que dejar pasar a Eddie al final! ¡A punto de ganar una carrera en la que se dedicó a correr lento!

Sólo había un pequeño detalle que ensombrecía la gesta: aquel Ferrari era… ilegal. En efecto, sus aletines laterales sobrepasaban la altura máxima permitida. Motivo por el cual fueron descalificados. Solo había un problema: después de la épica malaya, de pronto, Hakkinen… ¡ya era campeón!

Ferrari_F399_bargeboard

Ante tal oda al anticlímax, la FIA decidió que… ¡Yo que sé! Algo inexplicable que requiere usar las palabras “mecánica cuántica” para justificar la readmisión de Ferrari. Más aún: en el último GP de Japón ¡los Ferrari ocultaban los aletines laterales cada vez que entraban en boxes! Un alucinado Mika Hakkinen decía “Esto es increíble”. Menos mal que ganó el GP in style: fue el único consuelo a no poder disfrutar de un maravilloso título mundial corrupto para uno de nuestros Jrandes de la F1 favoritos.

Pero todos seguiremos considerando a Eddie como en triunfador inmoral de 1999.

5. Hungría 2007

Hijos míos, éste es el material del que se hacen las leyendas. Que el 2007 es la mejor temporada de los últimos 25 años es algo que nadie discute. Y fue en Hungría la carrera en la que la mierda llegó al ventilador. Vuelvan a gozar con estas imágenes para flipar lo ALTÍSIMO que se ha puesto el listón Fernando Alonso en su retorno a McLaren.

Pero, ojo, de momento, si juzgamos por el puro D-R-A-M-A, el 2015 está aguantándole maggggníficamente bien el pulso al 2007. ¿Qué sorpresa nos reservarán para Hungría de este año?

4. Silverstone 98

Volvemos otra vez con uno de los mejores momentos de Schumi. Durante la lluviosa, caótica y accidentada carrera de Gran Bretaña en el 98, parecía claro que la victoria iba a ser para Hakkinen. Pero un safety car juntó al finlandés con el Kaiser. Al volverse a relanzar la carrera, Mika se salió de pista y Chumáquer comenzó a distanciarse en el liderato. Sólo había un problema: Michael había adelantado a Alexander Wurz durante el periodo de safety car.

Con el clásico retardo al que nos tenía – y tiene – acostumbrado el control de carrera, le pusieron una penalización de stop and go. Y aquí fue cuando Ferrari se cubrió de gloria con una de esas decisiones que hacen historia del deporte.

Viendo que Schumi necesitaba un colchón de treinta segundos sobre Hakkinen, la Scudería usó todas las triquiñuelas y discusiones posibles con el control de carrera para retrasar la entrada del Kaiser a boxes. En la penúltima vuelta, Chumáquer tenía sólo 24 segundos de ventaja. No era suficiente. Pero entonces aconteció lo realmente JRANDE.

Conforme Schumi hacía el último sector de la última vuelta, la retransmisión televisiva estaba en modo “anda que menudos cojonazos los de permitir a Ferrari retrasar tanto el stop and go, y todo para nada. Ahora le tocará entrar y… ¡Un momento! ¡NO ENTRA!”.

Entre la incredulidad del público y la de Hakkinen, Chumáquer arrancó la última vuelta y, en el último sector ¡entró en boxes! Y, claro, para llegar al box de Ferrari había que pasar la línea de meta. Así que el resultado era… ¡Que ganaba la carrera primero y hacía el stop and go después!

Y aquel día se demostró que el tamaño de los cojones de Brawn y de Schumacher era tal que tenían su propio campo gravitatorio. Cosa que se reconfirmó con la cara de Michael en el pódium, que aún no se creía que hubiese colado la jugada. Y mejor todavía: cuando McLaren protestó, la FIA dijo… “Vengaaaa… Vaaaaa… Le metemos una sanción de 10 segundos a posteriori, pero como cruzó la meta con 22 segundos de ventaja…”

3. Singapur 2008

Cuando el choricerío implica decirle a uno de tos pilotos que se estrelle contra un muro de hormigón justo en el sitio en el que las asistencias médicas tienen más difícil llegar… Ese día te has ganado la eternidad.

Y así lo entendió Bernie, cuando se animó a prohibir ¡a perpetuidad! el retorno de Flavio a la F1 por haber obligado a Nelsinho a estamparse después del pit de Alonso. La realidad es que debería haberle dado un Oscar por su sublime interpretación por radio. Plenamente metido en el papel, Briatore se dedicaba a insultar la torpeza de Nelsinho en vez de decir lo que a todos se nos escaparía: “¡Logró estamparse en la vuelta 14 y en la curva 17! ¡Todos pensábamos que sería tan imbécil de hacerlo justo al revés!”.

Mucho se dijo que, por culpa de esa corrupción, Massa perdió esa carrera y, con ella, el título mundial. La realidad es que el respostaje de comedia de cine mudo que Ferrari le practicó a Felipe tuvo la culpa de todo. Si no sabes sacar una manguera gasolina “porque estás nervioso” eso probablemente indica que no sepas hacer absolutamente nada más.

Lo cual explica por qué TODOS los mecánicos de Ferrari han terminado casándose de penalti.

2. Suzuka 1989

Quien se moleste en ver todas las cámaras de la realización televisiva ser dará cuenta de que, en Suzuka ’89, cuando Senna se lanza a adelantar a Prost, lo está haciendo tirándose desde la casa de Cristo. Vamos, es el clásico adelantamiento que, si lo ejecuta Pastor Maldonado, estaría siendo objeto de cuarenta y ocho memes por minuto. Y si el resultado es que se estampa contra cierto piloto de Mercedes no dudan que toda la prensa inglesa estaría pidiendo su cabeza.

La única forma de evitar la colisión para Prost sería saliéndose de pista pero… ¿Por qué debería hacerlo si endiñarse era lo que le convenía para ser campeón?

La calidad, por supuesto, aconteció justo después de que los dos compañeros de equipo se endiñasen. Durante todo el año Prost había estado sufriendo el clásico mobbing de Mclaren: el doble de mecánicos en el coche de Ayrton, todos los desarrollos de motor hechos a la medida de Senna e instalados antes en su coche… Así que Prost, en las últimas carreras del año, sabía que dependía de sí mismo.

Por ese motivo, la Jrandeza absoluta del francés se plasmó cuando vio que Senna volvía a pista ¡para ganar la carrera! utilizando un atajo ilegal. Así que Alain usó un atajo todavía mejor: su carrerita al despacho de Balestre tiene la misma calidad que un sobre barcénico entregado en el hotel Santo Mauro, cerquita de la Audiencia Nacional. Lógicamente, Prost sabía que McLaren no iba a mover un dedo para defender sus intereses, así que, de gabacho a gabacho, logró una descalificación maravillosa hacia Senna que demostraba que los mundiales de verdad se ganan en los despachos.

Que luego, en el ’90 Senna usase la técnica de calentar a la prensa para que nadie se atreviese a descalificarle por no haberse molestado en frenar en la primera curva de carrera (llevándose con ello a Prost puesto) es sólo el colofón que da brillo y esplendor al mejor mundial jamás ganado en los despachos. Y convierte a Senna en un Mierda sí, pero de los que favorecen la ACCIÓN. Lewis ni podría soñar con algo tan viril como Suzuka ’90.

1. La guerra FISA-FOCA

¿Cómo superar una carrera del calibre de Suzuka ’89? ¡Pues con muuuchas más en un pack de meganivelón corrupto? Sí, es trampa, pero eso es lo que estamos celebrando aquí. ¿Y qué mejor celebración habrá de la corrupción en F1 que el evento con el que terminó adueñándose del invento Bernie Ecclestone?

Piquet-BalestreEl conflicto (que les sonará, porque, al igual que ‘Verano azul’ siempre se repone cíclicamente) consistía en que una serie de equipos (englobados bajo la Formula One Teams Association, FOCA, dirigida por el tito Bernie) se quejaba de que la normativa de la Fédération Internationale du Sport Automobile (FISA, dirigida por el mítico Jean Marie Balestre) beneficiaba a los grandes constructores, con cambios disparatados en las reglas y en los diseños de los coches. Además, también exigían una parte mayor del pastel de beneficios de la F1.

Algo que a todos los esP-P-Pañoles nos debe llenar de orgullo y satisfacción es que el primer gran duelo de la batalla FISA-FOCA fuese en el circuito del Jarama. Se trató de un duelo de chulería marca “yo no pago tus multas” por los pilotos de la FOCA que recibió un “pues te quito la licencia y no corres, por listo” por parte de la FISA. Como parche para arreglar el tema, y arropado por la Guardia Civil – con bigotones, por supuesto – ¡el rey Juan Carlos! tuvo que diseñar un apaño para que se corriese una carrera ¡que no sería puntuable! Somos un país a la vanguardia del chichinabismo, que nadie lo dude.

Las cosas escalaron en el memorable Gran Premio de Sudáfrica del ’81. La gota que colmó el vaso de los equipos de la FOCA fue la prohibición del efecto suelo y el poquísimo tiempo que éstos tenían para diseñar sus nuevos coches (y, me digan lo que me digan, los F1 más bellos SIEMPRE serán los setenteros: qué mejor muestra de ‘onvría’ habrá que tener los pies delante del eje delantero…). Así que plantearon arrancar el año con los coches del año pasado. Ante la negativa, se animaron a hacer un GP bajo la bandera del WFMS (‘World Federation of Motorsport’). Nadie lo vio, la cosa no prosperó y se decretó que esa carrera no sería puntuable. De haberlo sido, la victoria de Reutemann le hubiese dado el título de ese año, fijaté.

Entre amenazas de huelgas de pilotos y otras lindezas continuaron los conflictos que llegaron a su cénit en el GP de Brasil del 82. En éste, los equipos de la FOCA, que no tenían los motores turbo que comenzaban a marcar el ritmo, “inventaron” un sistema de refrigeración de frenos usando agua. Y era brillante: las normas de la FISA establecían que el coche se pesaba al principio de la carrera con todos los lubricantes y refrigerantes. ¡Pero no se decía nada de si éstos debían estar presentes al final del GP! Así, con esos tanques de agua se daba el peso mínimo al inicio. Luego, durante las primeras vueltas, los coches iban deshaciéndose del agua y terminaban haciendo el GP con muchos menos kilos que el mínimo reglamentario. Luego, en el último repostaje, se llenaban los tanques de agua y se cumplía con el peso. Y es legal “porque el agua refrigera”.

Ante este despropósito, Alain Prost (chico Balestre, ya que era piloto de Renault, equipo de la FISA) reclamó la descalificación del Brabham de Nelson Piquet y el Williams de Keke Rosberg, que habían quedado delante de él en Brasil (primero y segundo respectivamente) por usar ese sistema. Como era habitual en los tribunales de la FIA, el proceso duró mucho, y el debate sobre el sexo de los ángeles entre los equipos de la FISA y la FOCA se recrudeció. Y, en ese debate, hay que volver a celebrar la gloria eterna de Ferrari (equipo FISA) haciendo un genial ejercicio de reducción al absurdo. Básicamente, su argumento era que si valía el argumento del agua “por ser refrigerante”, se podía explotar cualquier ambigüedad. Así, el reglamento establecía una anchura máxima del alerón trasero… ¡pero no decía que ésta tuviese que ser continua! Así, para el GP de Estados Unidos presentaron un coche ¡con dos alerones traseros separados!

Ferrari-dos-alerones

Finalmente, la FIA puso fin a tanto atchonburike descalificando tanto a Ferrari del GP de los USA como a Piquet y Rosberg del GP de Brasil. El cachondeo es que… ¡había más coches en la carrera de Brasil usando el sistema de refrigeración por agua, pero NO fueron descalificados! ¿La razón? Que Renault solo se quejó de los dos coches que quedaron delante de Prost.

La guinda al pastel de pitorreo fue el boicot de los equipos de la FOCA al GP de San Marino del 82 (célebre por ser el inicio del delirante pique entre Pironi y Villenueve que terminó con la muerte de este último en Zolder). Sí, amigos, lo de Indianapolis 2005 fue un revival para los que no pudimos gozar de la guerra FISA-FOCA en directo.

Por supuesto, el final de la guerra fue el mejor imaginable: se firmó el pacto de la concordia, gracias a éste aumentaron astronómicamente los ingresos comerciales de la F1 y Bernie se convirtió en el dueño y señor del cotarro. Y, con él, se asentó una bella historia de sobornos y corrupciones varias que creó muchos de los mejores momentos de la F1.

Es mi deseo que, dentro de unos años, existan momentos que logren rivalizar con los de esta lista. Porque la esperanza nunca se pierde.

Bonus track: el mejor mundial corrupto, 1994.

Por mucho que nos joda que nos bajen el salario, las grandes crisis son siempre momentos apasionantes.

1994 estaba llamado a ser un año aburrido en el que Senna iba a llevarse el mundial de calle con el todopoderoso Williams Renault. Y ya vemos lo que pasó…

De pronto, Bernie se da cuenta de que la F1 está huérfana de sus grandes héroes ¿Qué fue de la Jrandeza de Prost, Senna, Mansell y Piquet? La única apuesta por un nuevo mito de Ecclestone es un chaval alemán que ya llevaba tres temporadas tosiéndole a los mitos de los 80. ¿El problema? Que estaba pilotando, a las órdenes de Flavio Briatore, en el equipo más corrupto de todos.

El mundial ’94 se convirtió, pues, en una de las cumbres de la corrupción con las que se intentó (y logró) salvar el mito de la F1. Primero, se desecharon todas las denuncias acerca de que el Benetton Renault era un coche ilegal por todos los rincones (¡y que aún podía mantener sistemas eléctricos prohibidos!). Luego, se trató con ligereza la mejor barbacoa jamás producida en un repostaje (¡con Flavio echándole la culpa a un becario!). De pronto, sin embargo, se encontraron con un problema: tanta corrupción seguida no solo estaba haciendo notoriamente antipático a Schumi… ¡Es que estaba haciendo aburrido el mundial! ¿La creativa solución? El GP de Gran Bretaña.

En dicha carrera, Schumi adelantó dos veces a Damon Hill durante la vuelta de formación, lo cual estaba prohibido por las reglas. Pasadas unas trece vueltas, le notificaron que tenía que hace un stop and go, pero en el equipo se negaron, porque la juzgaban incorrecta. Mientras discutían con dirección de carrera, se tomó la decisión de descalificar a Chumáquer. ¡Y entonces fue cuando el Kaiser dijo que no había visto la bandera negra! Mientras, Briatore se negaba a aceptar, igualmente, dicha bandera negra.

Finalmente, tras mucha discusión, Schumi terminó haciendo el stop and go en la vuelta 27. Acabó la carrera segundo, se le puso una multa y reprimenda al equipo y… ¿Aquí paz y después gloria?

Claro que no.

A Bernie le vino a ver la virgen con una oportunidad dorada y, en un jucio posterior de la FIA se decidió no solo descalificarle del GP sino… ¡Prohibirle participar en las dos siguientes carreras! ¿Por qué dos? Porque era justo lo que Damon Hill necesitaba para alcanzarle y poderle dar, corruptamente, vidilla al campeonato. ¡Genio!

Que luego el título se decidiese con la jugarrera de Australia, en la que Chumáquer estampó deliberadamente su Benetton contra el Williams de Hill es solo el lógico colofón a un mundial maravilloso que los amantes de la corrupción veremos una y otra y otra y otra vez…

Y ahora, si quieren seguir disfrutando de la corrupción, les animo a que se apunten a esta liga sórdida de F1, que premia los auténticos valores (si no lo han hecho ya). Y, por qué no, que se animen a comprar mi libro, con muchas más chorradas como el presente artículo. Si tenían la edición anterior, regálensela a su cuñado, y vengan a por 100 páginas extra de sordidez. Ya disponible en Amazon, El Corte Inglés, la FNAC y la Casa del Libro.

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