El Corrupto del mes (Round 1): Monisha Kalterborn (Sauber)

Arranca una de las secciones más esperadas de la liga sórdida de F1. Se trata de ‘El corrupto del mes’. 10 puntos que todo un erudito como Eloy Entrambasaguas otorgará a quienes se muevan con más arte por los márgenes de la legalidad.


 

Kaltenborn-Legal
Tras el primer mes de Mundial de Fórmula 1 ya podemos atribuir el primer galardón que desde la Liga Sórdida pretendemos entregar periódicamente al integrante del paddock que más haya hecho por el fomento de la corrupción en el deporte y por tanto, que más haya hecho por aumentar la emoción.

Alguno dirá que cómo no se lo damos a algún alto cargo random de Mercedes por la victoria de Ferrari en Malasia, pero si nos atenemos al magnífico Top Ten de carreras más corruptas de la historia, estaremos de acuerdo en que difícilmente será una de las más recordadas en apenas… dos semanas. Así pues y por igualdad de género mal entendida (la preferida en EsP-P-P-Paña) he decidido atribuir por dedazo el Corrupto del Mes a Monisha Kaltenborn.

Que haya líos de asientos en Fórmula 1 no es nada nueva. Recordemos cómo hace un par de años Jules Bianchi recibió la alternativa gracias a que Luiz Razia no pagó lo que debía a Marussia y Ferrari lo arregló todo para subir al francés en pleno último test de pretemporada. Incluso los más nostálgicos recordarán las escenas de Minardi cortando con serrucho los alerones de sus monoplazas del año anterior en Albert Park para pasar con lo justo las verificaciones. Pero en este 2015 Sauber nos regaló un magnífico preámbulo al primer GP de la temporada.

Como nos ha recordado esta misma semana el nunca suficientemente alabado Colin Kolles (lo podéis encontrar fiel a sus principios en el Mundial de Resistencia, cambiando de pilotos cada fin de semana y con un coche claramente más lento que los de categorías inferiores), Jules Bianchi firmó con Sauber para 2015 la mañana de su accidente en Suzuka. Ello debía asegurar al equipo suizo el suministro gratuito o casi de los motores Ferrari para esta temporada. Todo se fue al traste por su accidente horas más tarde, ironías del destino lejanamente provocado por el Sauber de Adrian Sutil.

En Hinwil les entró el cagazo. No puntuaban en 2014, con Bianchi ausente debían pagar los motores Ferrari y el alquiler de su túnel de viento (¿si no de qué BMW iba a comprar un equipo en Suiza?) tiene overbooking, empleándolo prácticamente todo el mundo menos Sauber. Apresuradamente firmaron a los dos mayores maletines que pasaron por la puerta, Marcus Ericsson y Felipe Nasr. Y dentro de lo que cabe podemos decir que tuvieron cierta fortuna y nos privaron de mayor pirotecnia en pista teniendo en cuenta que a finales del año probaron en Cheste con Adderly Fong (hoy en día el mejor de los pilotos de desarrollo de Lotus, habida cuenta de que el otro es Carmen Jordá) y el hijo de Chanoch Nissany, el israelí que pasará a la historia por haber debutado cuarentón en unos libres del GP de Hungría de 2005 con Minardi.

El caso es que la contratación de Bianchi, Ericsson o Nasr sucedió pasándose por el Arco del Triunfo tanto el contrato de Adrian Sutil, como ¿novia/mánager/dómina? Jennifer Becks se encargó de airear en Twitter, como el de su piloto de pruebas Giedo van der Garde (a.k.a. Van der Glande por su mitiquérrimo “hay algo que se mueve entre mis piernas” por radio) que apoquinó un pastizal en 2014 con la certeza de correr en 2015.

Sutil y van der Garde denunciaron en Suiza, donde todos los equipos de Fórmula 1 archivan los contratos, pero la opacidad de ese país hizo que tampoco se supiera mucho de sus casos… hasta que Van der Garde decidió denunciar a Sauber también en Australia. Durante casi una semana disfrutamos de un maravilloso juicio en la Corte Suprema del Estado de Victoria en el que Sauber se puso en ridículo día sí, día también gracias a un abogado local digno discípulo de Lionel Hutz.

Apelaron a la inseguridad que suponía subir a Van der Garde a un coche que no conocía (no como cuando subieron a Pedro de la Rosa en pleno fin de semana del GP de Canadá de 2011) y a que no tenía superlicencia en vigor (que debe tramitar… ¡el propio equipo!). No coló y el juez dijo que o se montaba Van der Garde en el coche o confiscaba los bienes del equipo y metía en chirona a su máxima responsable, Monisha Kaltenborn, que nos brindó un momento maravilloso al tener que parar en el último momento a sus mecánicos para que los monoplazas no salieran del box en entrenamientos libres.

Aún tendríamos un último numerito con Giedo van der Garde esperando a las puertas del paddock, entrando a saber con qué pase y poniéndose el mono de Marcus Ericsson para hacerse el asiento “porsiaca”. Finalmente llegaron a un acuerdo extrajudicial para devolver el dinero al neerlandés y nos privaron de la siempre mágica situación de ver a un piloto correr para un equipo que no le quiere ahí. Como demostraron los casos de Perry McCarthy en Andrea Moda y Bruno Senna en HisP-P-P-Pania, el drama siempre está ahí.
¿Fue un coitus interruptus? Sí. ¿Fue degradante para un equipo hasta hace bien poco serio y terriblemente aburrido como Sauber? También. ¿Es corrupto tener contratos en vigor con hasta cinco pilotos (más Raffaele Marciello, protegido de Ferrari) a la vez? Captain Obvious is obvious. Por lo tanto el merecimiento de este primer Corrupto del Mes, y sus 10 puntos en la liga sórdida de F1,  por parte de Monisha Kaltenborn queda fuera de toda duda.

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